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Gestión de bajas en granjas porcinas: normativa, plazos y mejores prácticas en 2026

29 de junio de 2026

Cuando aparece un animal muerto en la explotación, el reloj empieza a correr. No es solo una cuestión de orden o de imagen: la gestión de las bajas porcinas está regulada al detalle y un mal protocolo puede convertirse rápidamente en un problema de bioseguridad, en una sanción o en ambas cosas.

En este artículo repasamos qué dice la normativa, qué plazos reales se manejan en el día a día y qué prácticas están marcando la diferencia en las granjas que mejor gestionan este aspecto.

Qué dice la normativa sobre los cadáveres animales

La gestión de los Subproductos Animales No Destinados a Consumo Humano (SANDACH) está regulada a nivel europeo por el Reglamento (CE) 1069/2009, que establece cómo debe gestionarse esta categoría de residuos desde que se generan hasta su destrucción o valorización, garantizando que no supongan un riesgo para la salud humana, la sanidad animal o el medio ambiente. En España, esta normativa se traspone a través del Real Decreto 1528/2012, que fija las condiciones de aplicación y crea la Comisión Nacional de Subproductos de Origen Animal No Destinados al Consumo Humano. 

Un punto que muchos ganaderos desconocen es que no está permitido dejar los cadáveres al aire libre ni enterrarlos sin autorización; deben recogerse y eliminarse siempre conforme a esta normativa. Además, los cadáveres deben almacenarse en contenedores estancos, correctamente identificados, y solo pueden ser transportados por operadores autorizados en vehículos sellados y desinfectados. 

A nivel de instalaciones, también hay requisitos sobre la zona de almacenamiento: debe tratarse de un espacio específico, con suelos impermeables, fácil de limpiar y desinfectar, con acceso restringido al personal esencial y con control de vectores como roedores e insectos. Y un detalle importante para el diseño de la granja: la zona donde se cargan los cadáveres para su retirada debe ser de fácil acceso, preferentemente cerca de la entrada de la explotación y siempre fuera de la zona de actividad ganadera. 

En el caso del porcino, los animales se clasifican como SANDACH de Categoría 2, lo que significa que, según el caso, pueden destinarse a compostaje, biogás o eliminación en plantas autorizadas, pero nunca quedarse «esperando» en la granja sin un sistema adecuado de almacenamiento. 

Plazos de retirada: la teoría y la realidad del día a día

La normativa no fija un número de horas exacto y universal para todas las situaciones, pero sí es clara en que el cadáver debe estar fuera del alcance de otros animales y de los vectores de transmisión lo antes posible, y almacenado en condiciones que impidan su descomposición hasta que llegue la empresa gestora autorizada.

Aquí es donde entra en juego la diferencia entre la teoría y lo que ocurre realmente en granja. Con los sistemas tradicionales (depósitos sin refrigeración de 500 o 1.000 litros) la recogida tiene que ser frecuente, normalmente entre una y tres veces por semana, porque sin frío la descomposición avanza rápido y genera olores, lixiviados y un foco de atracción para roedores e insectos.

El problema no es solo de comodidad. Cada visita de un camión de recogida es, en sí misma, un riesgo: ese vehículo probablemente ha pasado por otras explotaciones antes de llegar a la tuya. En un contexto donde enfermedades como la Peste Porcina Africana siguen siendo una amenaza real para el sector, cada entrada y salida cuenta.

Por qué la refrigeración cambia las reglas del juego

Aquí es donde los sistemas de almacenamiento refrigerado están marcando un antes y un después. Mantener el cadáver a una temperatura controlada (entre 4º y 5º) frena por completo la descomposición, elimina el problema de olores y vectores, y permite alargar la frecuencia de recogida de forma drástica: en lugar de varias veces por semana, hablamos de cada 45-60 días.

¿Qué implica esto en la práctica?

Por un lado, menos visitas significa menos riesgo de contagio cruzado entre granjas, ya que se pueden organizar viajes exclusivos sin que el camión haya pasado antes por otra explotación. Por otro, un depósito de gran capacidad (por ejemplo de 10.500 litros) permite absorber los picos de bajas sin necesidad de llamadas urgentes a la gestora.

Además, los sistemas más avanzados incorporan sensores de temperatura y de nivel de llenado. Esto tiene dos efectos prácticos: el operario detecta de inmediato si el equipo de frío falla (antes de que se conviertan en un problema serio), y la propia gestora puede planificar las rutas de recogida según el nivel real de los depósitos, sin depender de que alguien llame para avisar.

Buenas prácticas para 2026: lo que diferencia a las granjas mejor organizadas

Más allá del equipo elegido, hay una serie de hábitos que marcan la diferencia:

Ubicar la zona de almacenamiento en un punto de fácil acceso desde el exterior, lejos de las naves de producción, facilita tanto la carga del operario como la recogida sin cruces entre zona limpia y zona sucia.

Llevar un registro de movimientos -fechas de generación, niveles de llenado, fechas de recogida- no solo es una buena práctica de gestión, también es exactamente lo que pide la trazabilidad exigida por la normativa SANDACH: todos los movimientos en cada etapa de generación, uso y eliminación deben quedar registrados

Contar con un mantenimiento preventivo de los equipos de frío (idealmente bianual, antes y después del verano) evita sorpresas justo en los meses de mayor calor, cuando la descomposición es más rápida y los fallos de refrigeración tienen consecuencias más inmediatas.

Y por último, trabajar siempre con una empresa gestora autorizada y registrada es un requisito legal, pero también una garantía de que el circuito completo, desde la granja hasta la planta de tratamiento, cumple con los protocolos de limpieza y desinfección.

La gestión de bajas en porcino ya no es solo «que venga el camión a recoger». Es un eslabón más del plan de bioseguridad de la granja, con implicaciones legales claras y un impacto directo en la salud del resto del rebaño. Las explotaciones que están dando el salto a sistemas de almacenamiento refrigerado no lo hacen solo por comodidad: están reduciendo drásticamente los puntos de contacto con el exterior, algo que en el contexto sanitario actual del sector porcino tiene mucho más peso del que parece a simple vista.

Si necesitas reducir hasta un 90% las recogidas en tu granja y reforzar la bioseguridad de tu explotación, en SACE te ayudamos a implantar un sistema de almacenamiento refrigerado adaptado a tu explotación porcina o avícola. 

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